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lunes, 25 de marzo de 2013

¿Quien come aún huevos duros?

Estoy preparando toda la historia para las vacaciones de Semana Santa con los enanos, así como los dulces típicos de estas fechas, incluidos los huevos duros.

He encontrado una manera de decorar huevos duros para estas fiestas con servilletas de papel, y me ha encantado y lo quiero hacer pero me han surgido dos problemas.

Problema 1: No se si donde encontrar huevos blancos donde vivo, he estado buscando y al final me va a tocar pagar 3 euros por media docena.... una barbaridad. Antes no había manera de ver huevos morenos y ahora nada de blancos. 

Problema 2: ¿quien sigue comiendo huevos duros? así tal cual con un poco de sal y "padentro" ya me veo yo haciendo ensaladilla para darle salida a los huevos duros.

Creo que con ellos ha pasado como con las latas de sardinas, antes nos hacían un bocadillo de sardinas para merendar o cenar y que con el paso de los años ha resultado ser muy sano. Pero quedo como comida de pobres.

Así que ¿quien come huevos duros y sardinas en lata?

jueves, 21 de marzo de 2013

¿Gruñones?

Estoy mirando en este momento mi sofá y parece una pequeña tienda de lanas, hilos y telas. En estos últimos tiempos he recuperado aficiones que se habían quedado olvidadas en un cesto de mimbre.

He ido recuperando pasatiempos relajantes, desde luego no tanto como el sexo. ¿hay algo mejor que el sexo? si que lo hay pero nada que nos lo proporcione en tan poco tiempo y a niveles tan elevados. Y es que en el momento que falta nos vuelve gruñones.

Y no es de extrañar, creo que solo el sexo consigue que luego este minuto treinta quieta, sin maquinar o hacer nada, así que cuando me falta... ¡peligro! pero a mi no me vuelve excesivamente gruñona ¿o si?

Así que para evitar que este celibato no me martirice y mucho menos martirice a los que tengo a mi lado, me dedico a labores creativas ¡que le vamos a hacer! ya que... ¡eso no se toca! jajajaja

Por cierto ayer me recordaste la vida de Brian y ya le he vuelto a ver... y sigue siendo mi escena favorita.


Así pues sigamos el consejo de los Monty Python y tomemos la abstinencia sexual con una sonrisa